Tratamientos para los Quistes Ováricos

La decisión correcta se basa en múltiples factores, entre ellos el tipo de quiste, la presencia de síntomas, la historial familiar y personal de la paciente, el tamaño del quiste y la edad. La conducta expectante consiste en esperar mientras se vigila el quiste y su evolución.

En caso de que el quiste no produzca síntomas los especialistas recomiendan un seguimiento durante un tiempo de hasta 3 meses, tiempo en el que se determinará si ha cambiado su tamaño o sus características.

Se espera este intervalo debido a que la mayoría de los quistes funcionales desaparecen por sí solos luego de uno o dos ciclos menstruales. La observación se práctica de forma genérica en el primer escalón en el tratamiento, salvo que existan signos de alarma.

Una gran parte de los quistes ováricos son funcionales y muestran regresión espontánea hasta seis meses posterior a su diagnóstico.


Durante la infancia pueden presentarse quistes ováricos de tipo funcional, la mayoría de las veces provocan la aparición de una pubertad precoz en la niña debido a su producción hormonal.

Cuando este es el caso se indican medicamentos que inhiben esta acción hormonal. Por lo general esto es suficiente para que el quiste desaparezca y el desarrollo sexual temprano se detenga hasta que la edad sea la adecuada.

Además de una pubertad precoz los quistes a esta edad deben ser vigilados, puesto que pueden ser lesiones potencialmente malignas. Es por esto que si las características ecográficas son sugestivas de malignidad se indican estudios de laboratorio de marcadores tumorales como el Ca 125 y la alfafetoproteina, dependiendo de los resultados se decide si se mantiene una conducta expectante o se realiza una intervención quirúrgica.


Por otro lado, después de la menarquia, la primera menstruación, la principal causa de quistes es que sea funcional por el inicio de la actividad hormonal del desarrollo sexual, asi que en la mayoría de los casos se mantiene la vigilancia durante algunos meses.

En esta etapa pueden indicarse anticonceptivos orales con el fin de regularizar los ciclos, en especial si estos son muy abundantes o dolorosos, sin embargo el criterio medico vario mucho de acuerdo a este punto, ya que la adolescencia es un periodo de ajuste y estas irregularidades tienen a resolverse solas con los años.

Una vez superada la adolescencia los quistes funcionales siguen siendo los mas frecuentes, para asegurar que no haya una transformación maligna la recomendación es el control seriado de la lesión.

En estos casos por lo general se indican una serie de ecografías periódicas para dar seguimiento a la tumoración y en caso de que haya variaciones en el aspecto del quiste o aumente su tamaño puede ser necesario un tratamiento activo.

Dependiendo de las características que asuma el quiste la terapia puede variar, si su tamaño aumenta considerablemente puede considerarse una cirugía electiva para evitar que haya una torsión o ruptura.

Si el tamaño no causa esta alarma se indican estudios de laboratorio junto con el seguimiento ecográfico. Entre las alternativas terapéuticas encontramos las píldoras anticonceptivas, sobre todo para quistes funcionales, con la finalidad de evitar la ovulación y prevenir la formación de nuevos quistes, aunque no se eliminan los quistes ya existentes.

Se pueden uso ayuda a regular las menstruaciones, que es el principal síntoma que se ve en este tipo de quistes, además la desaparición espontanea de los quistes presentes y la ausencia de formación de nuevos quistes durante el tratamiento, permite descartar otras causas de quistes.

Durante esta etapa, que es el punto de máxima fertilidad femenina, las lesiones de menor tamaño se manejan solo con cistectomía para conservar la función reproductora. Pero, ante lesiones de mayor tamaño se sugiere la ooforectomía debido a riesgos mayores, como la rotura del quiste durante su extirpación, la dificultad para reconstruir la anatomía del ovario después de extraer un gran quiste y el mayor riesgo de cáncer que implican estos quistes más grandes.

El manejo de los quistes ováricos durante esta etapa es algo que requiere un delicado control, el riesgo de cáncer de ovario es relativamente bajo, sin embargo cada paciente debe individualizarse, especialmente si tienen antecedentes familiares de cáncer de colon, pulmón o mama, los cuales están genéticamente relacionados con el cáncer de ovario.

En las mujeres que aún no han tenido hijos la decisión de extirpar un ovario debe tomarse con mucho cuidado, porque además de los riesgos propios de la cirugía, la fertilidad de la mujer puede verse severamente afectada.

Se deben valorar los riesgos y beneficios de la cirugía, por lo que por lo general la conducta expectante es siempre la primera opción en esta etapa de la vida, reservándose la cirugía para casos puntuales donde el riesgo de cáncer sea muy elevado o se presenten complicaciones agudas.


En estos casos, se busca mantener una conducta conservadora durante la cirugía, aunque no siempre es posible. La decisión solo puede ser tomada al momento del acto quirúrgico, de acuerdo a los hallazgos.

En caso de que la mujer ya haya cumplido con el deseo de maternidad y no quiera tener mas hijos la conducta quirúrgica es mas sencilla de tomar, en este caso la disminución de la fertilidad no es un problema a considerar.

Las cirugías tienden a ser menos complicadas ya que si es necesario se puede extirpar la trompa y el ovario del lado afectado, asegurando que el quiste no se rompa durante la cirugía.

Sin embargo, en esta edad no se recomienda la ooforectomia bilateral por las complicaciones consecuentes a una menopausia quirúrgica precoz, si ambos ovarios se ven afectados se busca conservar tejido ovárico funcional, con el fin de mantener la función hormonal.

Luego de la menopausia pueden aparecer quistes funcionales debido principalmente al uso de terapia de reemplazo hormonal, otra causa seria un remanente de función hormonal ovárica durante los primeros años posmenopausia.

Con la edad aumenta el riesgo de padecer cáncer de ovario, por lo que en las pacientes posmenopáusicas el seguimiento será más estricto; aquellas con quistes ováricos simples y menores a 5 cm puede ser razonable mantenerse a la expectativa; se recomienda asociar los hallazgos ecográficos a la determinación del marcador tumoral CA125 La evaluación por parte del médico general permite detectar los quistes ováricos y hacer la respectiva referencia de la paciente a los especialistas en ginecología y obstetricia.

La mayoría de estas lesiones suelen ser benignas, aunque a veces por costumbre se prefiere su resección quirúrgica para confirmar su diagnóstico, sobre todo descartar malignidad.

Es importante también señalar que la cirugía apresurada para tratar una tumoración ovárica funcional no maligna, puede causar complicaciones como el síndrome adherencial, en el que surgen tejidos fibróticos a consecuencia de la cirugía que pueden comprimir los órganos abdominales internos y afectar fertilidad en el futuro.

Por lo general en esta etapa de la vida se suele actuar realizar ooforectomia debido a que la presencia el riesgo de cáncer es mayor, en especial si la paciente tiene antecedentes de lesiones ováricas previas que han cambiado de características.

En líneas generales en estas pacientes el 70% de los quistes desaparecen espontáneamente luego de un año, por lo que la ciruigia esta reservada para casos puntuales de alto riesgo o en caso que la paciente exprese su deseo de que se extraigan los ovarios.

El tratamiento quirúrgico en mujeres jóvenes se reserva para las pacientes con un quiste de gran tamaño (6cm o más) o si produce síntomas.

El tipo de intervención quirúrgica dependerá de algunas consideraciones empezando con el tamaño y tipo de quiste, la edad de la paciente, la naturaleza de sus síntomas, el deseo de tener hijos, entre otros.

Especialmente en mujeres en edad fértil y cuando es posible, se intentará extraer el quiste sin tener que extirpar el ovario, cirugía que se conoce como cistectomía.

En mujeres menopáusicas, con signos de alarma, podría ser necesario la ooforectomía incluso hasta bilateral (extirpación quirúrgica de ambos ovarios).


Del mismo modo, existen una serie de indicaciones para la ooforectomía independientemente de la edad de la paciente, entre las que se señalan la torsión ovárica asociada a necrosis de la glándula, la sospecha de cáncer de ovario, un absceso tubo-ovárico complicado, la cirugía definitiva de la endometriosis, hermafroditismo y los tumores benignos de ovario mayores a 6cm.

La resección quirúrgica asegura el diagnóstico definitivo del quiste. La cistectomía ofrece la ventaja de conservar los ovarios, aunque persiste el riesgo de rotura de los quistes y diseminación de células tumorales en caso de malignidad, lo que empeora el pronóstico.

Es por esto que algunas veces la decisión sobre que procedimiento practicar se hace transoperatoria, es decir, durante la cirugía de acuerdo a los hallazgos observados, si la sospecha de malignidad es alta se hace un diagnostico intraoperatorio, donde se evalúa parte del quiste, si resulta ser tejido maligno se extrae el ovario para evitar la diseminación.

La vía quirúrgica para abordar la extirpación del quiste también esta sujeta a ciertos factores.

La cirugía laparoscopia a pesar de sus ventajas, no se usa con tanta frecuencia para tratar quistes de los ovarios, ya que se teme que con este abordaje podría aumentar la frecuencia de rotura de los quistes y la diseminación de tumorales, a pesar de que muchos investigadores han demostrado la seguridad de la cistectomía y la ooforectomía por laparoscopia.


Otra modalidad es la minilaparotomía, empleada en el caso de quistes pequeños o de tamaño mediano, con una incisión mínima en la pared abdominal.

Ofrece la ventaja de dar el alta médica a la paciente incluso el mismo día de la operación, el tiempo de la cirugía es menor, y hay menor frecuencia de roturas de quiste u otras complicaciones intraoperatorias. Como desventaja, esta técnica puede limitar la capacidad del cirujano explorar adecuadamente la cavidad abdominopélvica.

La laparotomía se practica en las mujeres con una mayor probabilidad de cáncer. Se lleva a cabo una incisión vertical en la línea media del abdomen y se obtiene un campo operatorio suficiente y grande para la ooforectomía o la extirpación del quiste sin rotura del tumor, y para la estadificación quirúrgica en caso de tratarse de un cáncer.

Otros métodos terapéuticos poco usados como la aspiración de los quistes no son tan recomendados. Al aspirar los quistes ováricos hay posibilidad de implantación de células cancerosas, en caso de ser maligno, en otros órganos abdominales. Está reservado en pacientes ancianas con contraindicaciones quirúrgicas.