De manera fisiológica mes a mes se forman en el ovario quistes en los cuales se va madurando el ovulo, también llamado ovocito, que será liberado en la ovulación.

Durante el ciclo ovárico se activan varios folículos, los cuales comienzan a crecer y a llenarse de líquido. En ellos se forman por la influencia de la hormona folículo estimulante, producida en la glándula hipófisis en el cerebro. Por lo general uno de ellos es el mas grande y se lo conoce como folículo dominante, puede ser confundido con un quiste patológico ya que puede llegar a ser bastante grande.


Es por esta razón que muchas mujeres son diagnosticadas con quistes ováricos a lo largo de su vida, posiblemente luego de unos meses o años ya no los tengan, porque pueden aparecer durante un ciclo en particular o durante una etapa de la vida donde la influencia hormonal de la mujer puede activar varios folículos por ciclo.

Sin embargo, estos son quistes netamente fisiológicos que pueden ser confundidos con situaciones anormales, es por esto que tomando en cuenta las causas y las células de las que se originan, podemos encontrar distintos tipos de quistes en los ovarios, los cuales no forman parte de la fisiología femenina.

Los quistes ováricos al igual que muchas patologías se presentan de distintas maneras y para poder comprenderlas mejor y que la mujer que las padece pueda recibir el tratamiento que necesita es necesario clasificarlas de acuerdo a sus características.

Es por esto que es posible una gran variedad de quistes, cada uno con sus propias características que tienen una repercusión en los síntomas que experimenta la mujer que los padece y en su pronóstico clínico y tratamiento.

Debido a que estas son masas pélvicas, muchas mujeres pueden experimentar ansiedad ante el diagnostico de las mismas, temiendo siempre que pueda tratarse de alguna lesión maligna como cáncer de ovario, sin embargo la frecuencia de este es cerca del 1% de todos los casos. Para comprender mejor los diferentes tipos de quistes, la clasificación a grandes rasgos que se utiliza para hacer la diferencia del cáncer es dividirlos como benignos y malignos.


Estos son los quistes que a pesar de ser masas que se encuentran en el ovario no representan una lesión que sea cancerígena, algunos de ellos sin embargo si no se tratan a tiempo pueden decantar en cáncer, aunque esto es muy poco frecuente.

Representan el tipo de quiste ovárico más frecuente, sobretodo en mujeres en edad fértil, resultan como consecuencia de una disfunción hormonal durante la ovulación, que es un proceso fisiológico del organismo femenino.

No constituyen neoplasias, puesto que su masa es producto de la acumulación de líquidos dentro del folículo ovárico y no de la aumento del número de células. Cada mes, un ovocito encapsulado dentro de un saco denominado folículo, continúa su maduración dentro de un ovario, y al finalizar esta maduración dicho folículo se rompe liberando el ovocito, más o menos a mitad del ciclo menstrual.

Basados en su causa y en sus características histológicas se distinguen dos tipos de quistes funcionales, los quistes foliculares que se originan cuando el folículo no se rompe para liberar el ovocito, y los quistes del cuerpo lúteo que se forman cuando el folículo que almacenaba el ovocito se encapsula posterior a la liberación del mismo.

El termino blastoma ovárico hace referencia a una masa ocupante de espacio que se forma a partir de células del ovario y que puede ser sólido, de contenido líquido, conocido como blastoma quístico de ovario o mixto.

Aunque el termino blastoma en general hace referencia a tumores malignos, en el caso del blastoma ovárico esto no es así, cuando se detectan masas ováricas el termino blastoma se utiliza para referirse a estas como sinónimos para otros términos como quistes, en el caso de que sean líquidos, o tumores en caso de que sean sólidos, que en su mayoría son benignas.

Estos quistes son poco comunes, y se caracterizan por acumulación de grasas intracelulares y aumento de tamaño de la capa de células del folículo ovárico denominada teca interna.

Surgen en ambos lados múltiples quistes de paredes uniformes, con un diámetro entre 1 y 4 cm. Se ha explicado que estos quistes son producto de una estimulación por altos niveles de LH (hormona luteinizante) o de β-hCG (betagonadotropina coriónica humana).

Existen algunas patologías que se relacionan con esta anomalía, entre ellas la enfermedad trofoblástica gestacional, la gestación múltiple, la diabetes, la anasarca fetal y el exceso de estimulación ovárica mediante técnicas de reproducción asistida.

Por lo general, una vez que cesa la excesiva estimulación hormonal suelen resolverse espontáneamente estos quistes.

Surgen a partir de las células de la capa superficial del ovario y del estroma.
Cuando se trata de tumores serosos benignos suelen ser quistes uniloculados, de paredes finas, llenos de líquido y revestidos de células parecidas a las que tapizan las trompas uterinas. Un 20% de los casos son bilaterales.

Por su parte, los tumores mucinosos benignos son masas que contienen moco y su pared es más gruesa, por lo común logran un gran diámetro, y se presentan como uniloculados o multiloculados.

Se revisten de una sola capa de células superficiales cilíndricas, que contienen abundante muco. Estos tumores de origen epitelial y estromal de tipo benigno se denominan adenomas, mientras que los malignos se denominan carcinomas, y existe un tercer grupo que evidencia un incremento del número de células importante sin comportamiento invasor, conocidos como masas con poco potencial maligno.

En su denominación se emplea también el prefijo cist-, el cual denota neoplasias de predominio quístico. Tenemos también que en aquellos tumores en los que predomina el tejido epitelial reciben el nombre de cistadenoma seroso.

Puesto que las células asemejan a las células de revestimiento de la trompa uterina, mientras que en otras neoplasias en las cuales predomina el estroma ovárico, se usa el sufijo –fibroma, por ejemplo, un cistadenofibroma seroso se refiere a una masa tumoral benigna de predominio quístico del grupo de tumores ováricos de epitelio/estroma, en la que el mayor componente corresponde a estroma sólido.

El teratoma ovárico es el tumor benigno que se presenta con más frecuencia en mujeres de menos de 45 años.
Este grupo de neoplasias son formaciones ováricas de células germinativas (células sexuales). Regularmente, estas estructuras forman tejidos ajenos a los ovarios. Entre estos encontramos al teratoma quístico maduro, con una incidencia del 10 al 25% de todas las neoplasias ováricas y 60% de todas las benignas.

Es un tipo de neoplasia cuyo crecimiento es lento y llegan a medir entre 5 y 10 cm de diámetro, siendo bilaterales en un 10% de los casos. Al ser seccionados, se evidencia su aspecto uniloculado y con un área de crecimiento localizado, que predomina en el interior de la cavidad cística. Así mismo, al microscópico es posible detectar cabello, secreciones sebáceas (sebo), dientes, uñas, etc. Se menciona que entre el 1 y 3% de los casos puede sufrir transformación maligna, sobretodo en mujeres mayores a los 30 años.

Además, cerca del 15% de los teratomas quísticos maduros pueden experimentar torsión, y aunque la rotura del quiste es muy rara debido a su pared gruesa, si se produce se desencadena una peritonitis aguda (infección e inflamación intraabdominal aguda), ó ante la fuga crónica una peritonitis granulomatosa (infección e inflamación intraabdominal crónica).

La clínica es similar a la de otros quistes ováricos, y de elección para identificarlos se utiliza la ecografía. La conducta en casi todos los casos es la extirpación quirúrgica del teratoma, lo que permite un diagnóstico definitivo, elimina los síntomas e impide las complicaciones. En caso de no ser extirpados, se recomienda el seguimiento mediante ecografía cada 6 a 12 meses.


Dentro de este grupo de teratomas, se reconoce el quiste dermoide, o teratoma quístico maduro. Los mismos se originan desde de un tipo de célula con capacidad para desarrollarse en otros tipos de tejido, entre ellos la piel, el cabello, la grasa y los dientes.

Pueden estar presentes desde el nacimiento y crecer durante los años de la etapa reproductiva de la mujer. Pueden ser uni o bilaterales, y a menudo son pequeños y asintomáticos, aunque si alcanzan mayor tamaño podrían causar dolor. Su diagnóstico se hace por ecografía y el tratamiento consiste en la extirpación.

Este tipo de quistes ováricos son consecuencia de una enfermedad de base conocida como endometriosis, la cual es una patología en la que el tejido endometrial que reviste internamente al útero, se desarrolla también en áreas fuera del útero, como los ovarios, trompas, peritoneo e intestino.

Del mismo modo que lo hace el endometrio, este tejido ectópico responde a los cambios hormonales cíclicos. Conforme el tejido endometrial ectópico sangra durante cada ciclo menstrual se puede formar un endometrioma.

Estos quistes también se conocen como “quistes de chocolate” en vista de que están llenos de sangre oscura de color marrón o café rojizo. Estos pueden presentar síntomas como dolor pélvico cíclico, que en ocasiones en intenso y puede acompañarse de signos de irritación peritoneal (irritación de la membrana que recubre las vísceras intraabdominales). Se identifican mediante ultrasonido y se recomienda la intervención quirúrgica debido a que existe riesgo de malignización de este tejido endometrial ectópico.

Esta es una patología silenciosa y muy frecuente entre las mujeres jóvenes, causante de numerosas irregularidades menstruales y primera responsable de infertilidad femenina.

El síndrome de ovario poliquístico (SOP, por sus siglas) es un cuando clínico crónico en el que la ovulación no se produce y se asocia a una producción y secreción anormal e inadecuada de hormonas sexuales. Además esta enfermedad se asocia a alteraciones en el metabolismo de la insulina que aumentan el riesgo de padecer otras patologías como síndrome metabólico y diabetes.

Anteriormente se le conocía también como síndrome de Stein-Leventhal, en honor a quien la describió por primera vez.
Es la causa más común de amenorrea, es decir, de ausencia de menstruación, entre las mujeres no embarazadas.

El síndrome de ovarios poliquisticos es complejo y abarca una serie signos y síntomas que afectan distintos sistemas del cuerpo, provocando alteraciones funcionales y metabólicas que pueden ver afectadas seriamente la salud de quien las padece.

La causa exacta del síndrome no se conoce a ciencia cierta, pero existen planteamientos en baso a su patogenia, es decir la forma en la se desarrolla la enfermedad que han desplegado algunas teorías. Algunas sugieren que se trata de una disfunción en el hipotálamo que a su vez conduce a una liberación inadecuada de hormonas desde la hipófisis, provocando a nivel ovárico una producción excesiva de andrógenos (que son las hormonas que dan características masculinas el hombre).

Igualmente existe la teoría endocrino metabólica en la que la resistencia a la insulina provoca una alteración en el equilibrio de la producción de las hormonas sexuales, de la misma forma el tejido adiposo favorece la producción de andrógenos en las mujeres.


Es por esto que la obesidad puede tomarse como causa del síndrome, aunque una vez se pierde peso la sintomatología mejora pero el síndrome persiste, además de que existen mujeres que no son obesas y padecen el síndrome.

Recientemente se asocia un componente genético para el síndrome, por lo que realmente no habría una prevención efectiva, es una condición que se ha de desarrollar en determinadas mujeres.

Se han citado como factores de riesgo para desencadenar el síndrome de ovarios poliquistico los hábitos y estilos de vida, por lo general son estas condiciones las que pueden desencadenar la aparición de los síntomas propios del síndrome.

Los hábitos sedentarios y una dieta poco saludable rica en carbohidratos acrecentan el resistencia a la insulina presente en estas mujeres. Predisponiéndolas a aumentar de peso y con esto se altera severamente la regulación hormonal del cuerpo.

Lamentablemente no existe forma de prevenir la aparición del síndrome dado su componente genético, muchas mujeres pueden padecerlo sin darse cuenta, con expresiones leves como ciclos menstruales largos e irregulares únicamente.

Para otras será algo mucho mas marcado en sus vidas, afectándolas desde un punto de vista ginecológico hasta enfermedades metabólicas crónicas como la diabetes. La obesidad, la infertilidad, el hirsutismo, son algunos de los retos que deben enfrentar aquellas mujeres que padecen esta patología. Aunque el síndrome no pueda prevenirse, estos síntomas pueden mejorar significativamente con cambios en los estilos de vida.

Entre sus principales síntomas destacan la amenorrea o ausencia de menstruación, ciclos menstruales irregulares, muy largos, hirsutismo (aparición en vello con distribución masculina, sobre todo en la región facial), alopecia o pérdida del cabello, acné y obesidad.

Otras manifestaciones más serias incluyen la esterilidad hasta en un 75% debido a que no se produce ovulación, riesgo aumentado de cáncer de endometrio, de cáncer de mama y de enfermedades cardiovasculares, así como también de alteraciones en el metabolismo de las grasas, y riesgo de diabetes mellitus tipo 2.

Su diagnóstico se establece a través de los síntomas anteriormente mencionados y una serie de estudios de laboratorio que comprenden la determinación de los niveles de hormonas femeninas como LH, FSH, estrógenos, progesterona y andrógenos.

Estas pruebas deben realizarse en la fase folicular temprana para que puedan ser diagnosticas, es decir en los primeros 4 dias del ciclo menstrual.

Es posible que se soliciten otras pruebas que no están relacionadas con el síndrome pero sirven para descartar otras patologías que pueden causar síntomas similares como por ejemplo la prolactina o las hormonas tiroideas.

Se confirma con el estudio ultrasonográfico en el que se evidencia un aumento del tamaño del ovario y la presencia de 10 o más folículos de tamaño menor a 10 mm en uno o ambos ovarios.

Después de la menarquia (Primera menstruación de la mujer, que normalmente sucede entre los 10 y los 16 años), la menstruación puede ser irregular durante los años de la adolescencia sin que esto llame demasiado la atención, sin embargo si los periodos menstruales son mayores de 45 días lo ideal es acudir al medico para buscar una causa.

Si la adolescente o mujer joven no es sexualmente activa o no existe sospecha de un embarazo, la ausencia de la menstruación refleja la alteración grave del equilibrio interno.

Otra motivo de consulta frecuente el diagnostico casual de ovarios poliquisticos en una ecografía sin fines ginecológicos o en un control rutinario, en el contexto de ciclos irregulares puede sospecharse de SOP.

Es recomendable que mujeres que presenten cualquiera de los síntomas antes mencionados consulten a su medico para descartar el síndrome y cualquiera de sus patologías asociadas.

Como tratamiento se recomiendan cambios en el estilo de vida y control médico con un especialista. La dieta y el ejercicio son las medidas iniciales y básicas, ya que el perder peso en las mujeres obesas muchas veces logra normalizar los ciclos menstruales y la ovulación.

El especialista también indicará algunos medicamentos como anticonceptivos orales, entre otros fármacos más especializados que buscan regular las alteraciones hormonales con las que cursa esta patología.

Cuando aparecen otras patologías asociadas como la resistencia a la insulina, las alteraciones del perfil lipídico, se indican tratamientos con el objetivo de regularizar estas alteraciones.

Asimismo, el hiperandrogenismo que provoca el acné, el hirsutismo, la alopecia y la seborrea pueden ser tratados con fármacos especiales que reducen la producción de andrógenos.

El tratamiento para el síndrome de ovarios poliquisticos es principalmente a base de pastillas anticonceptivas para mejorar los síntomas primordiales del cuadro y reducir los riesgos de la paciente.

Sin embargo este tratamiento no mejora ni ayuda de ninguna manera a mejorar la fertilidad de la paciente, es por esto que esta indicado en aquellas mujeres que no planeen ser madres a corto o a mediano plazo. Por otra parte, cuando la mujer desea conseguir un embarazo se indica un tratamiento específicos para inducir la ovulación con fármacos de diversa índole, existiendo varias alternativas para este fin.

Junto con los quistes ováricos funcionales ya mencionados, las neoplasias benignas no funcionales representan la mayor parte de las masas ováricas. De acuerdo al tipo de tejido, es decir, las células de las que se originan, estas neoplasias se agrupan en tumores del epitelio (células de revestimiento o superficiales del ovario), del estroma (de los tejidos de sostén del ovario, como el colágeno), de células germinales (células sexuales), de los cordones sexuales entre otros.

Los derivados de este último grupo celular se presentan más comúnmente son los cistadenomas serosos y mucinosos y el teratoma quístico maduro.


Las neoplasias malignas por lo general no se presentan como quistes, mas bien aparecen como masas mixtas en la ecografía y otros estudios de imagen, por lo que una lesión ovárica con componente quístico y solido hace pensar en malignidad.

A pesar de que la frecuencia del cáncer de ovario es baja hay ciertos criterios que se pueden tomar en cuenta para sospechar de él.

El diagnostico definitivo se da cuando se evalua el tejido del ovario al microscopio.

Esto significa que debe recurrirse a una cirugia. Es por esto que el nivel de sospecha debe ser alto, para evitar tanto como sea posible someter a un procedimiento invasivo a una mujer que muy probablemente tenga algo benigno.

Existen marcadores tumorales específicos del ovario, igualmente las características que presente la lesión tanto en la ecografía como en tomografía y resonancia magnética darán la sospecha diagnostica de que pueda tratarse de una lesión maligna o benigna.