Los quistes en los ovarios pueden presentarse a cualquier edad de la mujer, aunque suelen ser más frecuentes en las edades fértiles, entre los 20 y 35 años, es decir, etapa en la que la mujer es hormonalmente activa.


Incluso desde el nacimiento la presencia de quistes ováricos se observa en un alto porcentaje de recién nacidas, con una incidencia de estimada de 1 en 2500 casos.

Algunos estudios han reportado pequeños quistes hasta en un 84% de las niñas menores de 2 años de edad, y quistes de mayor tamaño hasta en un 18% en este mismo grupo etario.

La presencia de quistes ováricos en esta edad se explica debido a la estimulación de los folículos ováricos de la recién nacida por las hormonas maternas (estrógenos) y por la hormona del embarazo (gonadotropina corionica-HCG), aunque esta teoría no explica por completo la aparición de quistes de mayor tamaño.

Luego del nacimiento estos niveles hormonales descienden hasta la pubertad, por lo que la mayoría de los quistes se resuelven espontáneamente.

Los quistes ováricos se observan con mayor frecuencia en hijas de mujeres diabéticas, con hipertensión en el embarazo o incompatibilidad de factor RH, lo que probablemente es debido a que en las patologías mencionadas hay un aumento anormal en la producción de gonadotropina coriónica humana por parte de la placenta.

Un cuadro poco común es la torsión ovárica, que es otra de las causas de quistes, en esta edad la torsión suele producirse dentro del útero y las recién nacidas no presentan síntomas luego del nacimiento.

Por esta razón algunos especialistas recomiendan tratar los quistes simples en etapa prenatal detectados por ecografía, por medio de procedimientos intrauterinos para disminuir riesgo de torsión ovárica, pero no es un criterio aceptado universalmente a causa del alto riesgo que implica para la madre y el feto.

Para las recién nacidas el riesgo de malignidad de un quiste ovárico es prácticamente nulo, por lo que puede adoptarse una conducta conservadora con un seguimiento de ultrasonidos y controles clínicos.


Se reserva la cirugía para las pacientes que presenten complicaciones como compresión de otros órganos internos, abdominales o torácicos, que causen dificultad respiratoria u obstrucción intestinal, quistes que no disminuyen en los controles, manteniendo un seguimiento incluso hasta por 10 meses.

Normalmente, los ovarios de las niñas antes de la adolescencia almacenan múltiples folículos ováricos que contienen las células sexuales (ovocitos) subdesarrollados y se observan como microquistes, o quistes pequeños.

La incidencia de quistes ováricos de mayor tamaño varía de acuerdo a la fuente consultada, en promedio se estima entre 2 y 3% de quistes ováricos funcionales.

Una buena parte de los quistes ováricos se producen como resultado de la no desaparición de un folículo estimulado por hormonas femeninas, por lo que en la mayoría de estos casos la resolución es espontánea.

Existen quistes ováricos funcionales que son activos desde el punto de vista hormonal, es decir, producen hormonas, por lo que pueden causar una “pseudopubertad precoz”, cuadro en el que la niña presentará desarrollo de las mamas y/o episodios de sangrado genital.

La conducta más apropiada en estas situaciones antes de la pubertad es la observación y el seguimiento ecográfico cuando claramente el quiste es ovárico, su aspecto no sugiere malignidad, la niña esta sin síntomas y otras pruebas de laboratorio como son los llamados marcadores tumorales resultan negativos.

Para los quistes complejos, es decir, aquellos cuyo aspecto a la imagen ecográfica es heterogéneo, con áreas quísticas y sólidas, se recomienda la resección quirúrgica debido al riesgo de malignidad en este grupo de edad.

La cirugía también es la opción si se presentan síntomas con sospecha de torsión ovárica, o si hay persistencia por más de 6 meses del quiste.

Con la pubertad se inician una serie de cambios fisiológicos en el organismo femenino, entre los que el inicio de los ciclos menstruales y la aparición de caracteres sexuales secundarios (vello púbico y axilar, desarrollo mamario) son los más notorios externamente.

Internamente estos cambios van de la mano con una serie de procesos en los que particularmente el ovario tiene un papel fundamental. Cada mes los folículos que contienen los ovocitos en cada ovario continúan su proceso de maduración gracias a estímulos hormonales, aparecen entonces los quistes ováricos funcionales, que como se explica, son parte normal del desarrollo folicular durante el ciclo menstrual.

No obstante, a partir de éstos se pueden formar quistes anormales o patológicos, resultantes de un folículo que no ovuló, ni se degeneró, ó ya sea porque posterior a la ovulación, se produce una acumulación de sangre en el folículo roto, ahora transformado en cuerpo lúteo, formándose un quiste del cuerpo lúteo que tiende a sangrar con facilidad y puede alcanzar tamaños hasta de 8 cm.

Las adolescentes puede presentar dolor abdominal o pélvico y al ultrasonido observarse la presencia de una tumoración ovárica simple y homogénea (quistes foliculares) ó compleja, variable y heterogénea (quiste lúteo hemorrágico), pudiendo confundirse con otras patologías.

En el caso de adolescentes sexualmente activas y con hábitos sexuales promiscuos, otras causas de tumoraciones en el ovario puede ser un absceso tubo-ovárico (que afecta a la trompa uterina y al ovario) en el contexto de una enfermedad inflamatoria pélvica, un embarazo ectópico alojado en el ovario, y del mismo modo hay que tomar en cuenta otras causas como los endometriomas, tumores benignos y neoplasias ováricas.

Algunas estadísticas evidencian que entre las adolescentes con masas ováricas el 57,9% corresponden a quistes ováricos, un 29,5% a tumores benignos, entre los que el más frecuente el teratoma quístico maduro, y un 7,9% de tumores ováricos malignos.


Con respecto a su tratamiento, cerca del 90% de los quistes ováricos desaparecen espontáneamente por lo que se suele adoptar un manejo conservador con seguimiento a través de ultrasonidos.

En otros casos, se han medicado hormonas, principalmente para prevenir la aparición de otros quistes, ya que no tiene efecto sobre el quiste ya formado.

La cirugía se restringe a pacientes que presentan síntomas o signos que permitan sospechar torsión ovárica o malignidad.

En las mujeres entre los 20 y 35 años es el grupo etario donde con mas frecuencia aparecen lesiones quísticas en el ovario. Sin embargo hasta la menopausia se pueden esperar que aparezcan este tipo de masas en el ovario, ya que en su mayoría se ven influenciadas por estímulos hormonales.

Los quistes ováricos funcionales son los mas frecuentes, presentando los mismos síntomas que en la adolescencia, dado que los ciclos hormonales en estas edades están mas estables su diagnóstico es mas fácil.

Durante la adolescencia los ovarios pueden aparecer con múltiples folículos y las menstruaciones pueden ser irregulares dado que el ciclo no se ha establecido completamente y el cuerpo de la adolescente esta madurando hacia la adultez.

Es por esto que algunas patología del ovario pueden ser mal diagnosticadas en este periodo de la vida. Sin embargo una vez superada la adolescencia la persistencia de irregularidades menstruales y la presencia de múltiples quistes ováricos puede hacer pensar en un síndrome de ovarios poliquistico en una mujer.

De la misma manera, después de la adolescencia la aparición de tumoraciones benignitas del ovario se hace mas frecuente.

La aparición de cistoadenomas ocurre entre los 20 y los 50 años, tiene un potencial de malignización del 5%. Son de gran tamaño, pudiendo llegar a los 20cm. El tratamiento de elección es quirúrgico.

Tras la cirugía la recurrencia es muy rara, por lo que esta pone solución al problema. Los teratomas maduros o quistes dermoides pueden aparecer a cualquier edad, aunque en la edad adulta representan el 43 al 70% de los casos.

Estos se tratan quirúrgicamente y la cirugia dependerá de la edad de la paciente, el tamaño del tumor y los deseos reproductivos de la paciente. Este tipo de tumor tiene un riesgo de malignizacion de 1% aunque aumenta con la edad de la paciente, por lo que a mayor edad que se haga el diagnostico mas agresivo se es en la resolución, con miras de evitar la aparición de una enfermedad maligna en él.

En este etapa de la vida de la mujer es cuando por lo general aparece el deseo reproductivo y se comienza la búsqueda de un embarazo, es por esto que si ya se han diagnosticado patologías ováricas en la adolescencia o infancia, muchas mujeres consultan a un especialista para conocer si tienen problemas de fertilidad.

En la mayoría de los casos de quistes ováricos no hay disminución de la fertilidad, sin embargo cuando se ha extirpado una parte del ovario o todo un ovario la fertilidad se verá disminuida.

Igualmente, si ya se tiene el diagnostico de síndrome de ovarios poliquisticos, ya que este se caracteriza por ciclos anovulatorios, lo que dificulta enormemente la concepción. Esto no significa que un embarazo sea imposible.

Se recomienda en líneas generales a las mujeres con patologías ginecológicas conocidas que al momento en que deseen conseguir un embarazo consulten a su medico para orientación y si ameritan recurrir a cualquier técnica de reproducción asistida lo hagan oportunamente.

En la menopausia la producción hormonal femenina decae, ya que es ésta la causante de la mayoría de los quistes que aparecen en las jóvenes, lo que explica por que la incidencia de quistes ováricos en la menopausia es mucho menor que en otras edades.

Algunas investigaciones exponen que en este período hasta un 17% de las mujeres pueden presentar quistes y tumores ováricos.


Por el considerable riesgo de malignidad que tienen estas patologías a esta edad, y la imposibilidad para descartar el cáncer de ovario a través de los estudios tradicionales, la detección de un quiste ovárico en una mujer en la menopausia se centra en la decisión de la mejor estrategia para su manejo.

El tratamiento conservador de observación y seguimiento, no es siempre el más recomendado por las razones ya expuestas debido al riesgo de cáncer.

Inicialmente se suelen indicar estudios de imágenes para la detección y la identificación de las características de la tumoración lo más exacta posible.

El estudio de elección inicial sigue siendo la ecografía transvaginal que ofrece detalles como la identificación de la tumoración y de donde se localiza, la descripción de su contenido (sólido o líquido), así como su aspecto homogéneo o heterogéneo.

Los quistes de mayor tamaño se prefieren examinar por ecografía transabdominal. En aquellos casos donde se sospeche malignidad, se puede indicar una resonancia magnética (MRI), estudio que permite delimitar con mayor exactitud el tamaño de la tumoración y si hay invasión de otros órganos.

Otras pruebas empleadas en el estudio de tumoraciones ováricas en las menopáusicas es la detección de marcadores tumorales, particularmente el CA125, cuyo punto de corte es de 30 U / ml, con una sensibilidad de la prueba es 81% y una especificidad de 75%.

Como parte del manejo básico de estas pacientes, es muy importante tomar en cuenta, analizar e indagar la historia clínica personal y los antecedentes familiares, sobre todo de cáncer de ovario, de mama o de intestino, y en la exploración física, hacer énfasis en el examen abdominal y ginecológico. Luego de la aproximación diagnóstica, la conducta dependerá de algunos factores.

Los quistes ováricos asintomáticos, simples, unilaterales, menores de 5cm de diámetro, usualmente tienen bajo riesgo de malignidad, si se asocian a niveles normales de CA125, estos quistes pueden manejarse de manera conservadora, con revaloración a los 4-6 meses y alta luego de un año de seguimiento en el que el quiste no debe haber cambiado o debe haber reducido su tamaño, mientras que el CA125 permanezca normal.

En otros casos sintomáticos, quistes múltiples, de gran tamaño, de aspecto heterogéneo, con antecedentes personales o familiares de neoplasias malignas, el manejo más indicado es el quirúrgico.

Modernamente se realiza cirugía laparoscópica de los quistes de ovario, llevando a cabo la ooforectomía (extracción quirúrgica del ovario). Si en una laparoscopia se detectan hallazgos clínicos sospechosos, se procederá a una revisión más exhaustiva de la cavidad abdominal mediante una laparotomía completa.