Quistes Ováricos y su relación con el Cáncer

La presencia de quistes en los ovarios no es rara entre las mujeres, en efecto, su detección en muchos casos es producto de la casualidad.

Sin embargo, ante cualquier tumoración siempre está indicado un estudio completo de la misma y considerar todos los factores implicados que pueden afectar a la paciente.

Cualquier exploración con imágenes que se indique ya sea ecografía, resonancia, tomografía, así como las pruebas de laboratorio (hematología completa, prueba de embarazo, marcadores tumorales), están destinadas a descartar la malignidad de las masas ováricas.

El cáncer de Ovario ocupa el tercer lugar en las neoplasias ginecológicas, detrás del cáncer de mama y el cáncer de cuello uterino, aunque esta información es variable según la fuente consultada.

La historia médica familiar es el factor de riesgo más importante. Se ha observado que mujeres que tienen una madre, una hija, una hermana o algún familiar directo, hasta la tercera generación que ha padecido cáncer de ovario presentan un riesgo muy superior de desarrollar esta patología que aquellas que no tienen este antecedente.

También el riesgo se incrementa para las mujeres con antecedentes familiares de cáncer de mama, útero, colon o recto. Es fundamental identificar este dato en la historia clínica de la paciente. Lo principal en estas situaciones son las revisiones médicas periódicas.

El cáncer no puede prevenirse, pero con un chequeo médico regular es posible la detección temprana de esta patología lo que ofrece mayores opciones de tratamiento y un mejor pronóstico.


Por último, se recomienda prestar especial atención a signos de alerta como hinchazón abdominal, dolor al evacuar, dolor en la espalda baja, micción frecuente o dificultad para la misma, pérdida de peso, fatiga, náuseas, vómitos, dolor pélvico no cíclico, y sangrado después de la menopausia, sobre todo si persisten sin ninguna explicación.

Son síntomas que alertan sobre una patología de este tipo y requieren de evaluación médica inmediata. Cuando se diagnostica en etapas tempranas, el cáncer de ovario se puede tratar con altas tasas de éxito.

En etapas avanzadas, las células cancerígenas tienden a invadir los otros órganos del sistema reproductor de la mujer e incluso extenderse hacia otros órganos de la pelvis, el abdomen y el tórax, reduciendo drásticamente la esperanza de vida.

Sus características dependen del origen de las células a partir del cual se forma, el más común es el de origen epitelial con un 60%, proviene de las células superficiales del ovario, seguido del tumor de células germinales (sexuales) con un 28% y el de células del estroma (tejidos de soporte del ovario) con un 10%.

Los de origen no epitelial por lo general se identifican en estadios más precoces con mejor pronóstico y supervivencia. Por su parte, el cáncer de origen epitelial la mayor parte de las veces comprende tumores poco agresivos, aunque el 30% representan tumores malignos de evolución acelerada.

De allí la importancia de su detección temprana y el seguimiento intensivo de los tumores ováricos, sobre todo en mujeres posmenopáusicas y niñas antes de la adolescencia, edades con mayor incidencia de neoplasias malignas.

Por otro lado un quiste ovárico se considera un tumor benigno que encierra líquido en su interior, en su mayoría no son indicativos de cáncer, no incrementan el riesgo de padecerlo y suelen desaparecer por sí solos con el tiempo.

Por ello, al detectar un quiste ovárico la conducta inicial no es la cirugía inmediata, si no la observación durante un período alrededor de 6 meses a través de seguimiento ecográfico, valorando cuidadosamente cualquier cambio en el aspecto del quiste, tomando en cuenta factores como la edad y los antecedentes familiares y personales de otras patologías como las neoplasias.


Por tanto, los quistes ováricos simples, funcionales, benignos, pequeños, no son indicativos de cáncer ni evolucionaran a tal patología. Sin embargo, algunas neoplasias pueden tener un aspecto quístico heterogéneo que semeje un quiste, por ello la vigilancia.

Los quistes que poseen un riesgo de malignización son aquellos quistes benignos que tienen estadísticamente una probabilidad de convertirse en cáncer si no son tratados oportunamente.

Estos quistes son los cistoadenomas y los teratomas o quistes dermoides, siendo los primeros los que mas probabilidad de transformación maligna tienen, teniendo mas un 5%.

Estos quistes por lo general tienen aspectos heterogéneos en la ecografía, por lo que la vigilancia cercana es el protocolo a seguir. La mayoría de estos quistes no progresan a un cáncer.

El control de estos quistes se hace con marcadores tumorales como la alfafetoproteina o el CA125, mientras estos permanezcan normales no se sospecha de malignización.

De igual manera, es típico que se lleve acabo junto con el control de laboratorio es el control ecográfico, esto con la intención de detectar oportunamente la aparición de cambios morfológicos en el quiste.

Cambios como un aumento de volumen rápido entre un control y otro, que la pared se torne gruesa o el contenido del quiste deje de ser liquido si no que aparezcan imágenes como papilas en su interior.

Todos estos son signos de cambios malignos en un quiste que previamente era benigno. La presencia de este tipo de quiste no significa que el cáncer vaya a ocurrir inevitablemente, solo presenta una predisposición en la mujer, especialmente si esta tiene antecedentes de cáncer de ovario u otros tipos de cáncer en su familia.

Es importante que los controles de estos quistes se hagan de manera rigurosa, ya que pueden determinar la diferencia entre una cirugía simple para la extracción del quiste o la formación de un problema mayor.