Diagnóstico de los Quistes ováricos

Como en la mayoría de los casos los quistes ováricos son asintomáticos y se detectan de manera accidental en un examen ginecológico corriente ó al practicarse algún estudio de imagen por otras indicaciones.

En el examen físico, aunque el resultado puede variar, por lo general se detecta una masa móvil, quística, no dolorosa, situada lateral al útero.


En la evaluación para el diagnóstico de las mujeres con una masa ovárica, previo a los estudios de imágenes y pruebas de laboratorio, se debe realizar una historia clínica completa, haciendo énfasis en la historia familiar y personal de la paciente.

El examen físico con especial enfoque en el examen pélvico ginecológico bimanual, y cualquier otro dato relevante al interrogatorio como son edad de la primera menstruación, características del ciclo menstrual, historia sexual, antecedentes de infertilidad, antecedentes de otras neoplasias, etc.

Un dato importante que podrían hacer sospechar en la presencia de quistes ováricos son los síntomas como el dolor pélvico asociado o no con la menstruación, la sensación de pesadez pélvica o las molestias en la espalda baja.

Igualmente es preciso conocer como son los ciclos menstruales para alcanzar un diagnostico, si existen trastornos en la duración del ciclo, muy cortos (polimenorrea) o muy largos (oligomenorrea), en la cantidad siendo muy abundante (hipermenorrea) o muy escasa (hipomenorrea).


Cualquier alteración de estos ciclos así como las menstruaciones dolorosas pueden ser síntomas de problemas ováricos subyacentes, por lo que esta información orientaría el diagnostico.

El ultrasonido transvaginal y transabdominal son métodos excelentes y de elección. La elección de una u otra técnica esta determinada por el tamaño de los quistes.

Cuando el quiste es pequeño y esta confinado a la pelvis la ecografía transvaginal ofrece mayor resolución, mientras que en el caso de tumores de gran tamaño se prefiere el método transabdominal.

La ecografía tradicional se puede complementar con la ecografía Doppler de color, que suministra información adicional sobre la naturaleza de las lesiones, su capacidad cancerígena y la presencia de torsión aunque no tiene ninguna ventaja sobre el método tradicional para valorar algún quiste ovárico simple y el riesgo de cancerización.

El ultrasonido convencional es la modalidad más común, fácil y de calidad para el diagnóstico de tumores ováricos. La modalidad transvaginal presenta mejores resultados por su mayor resolución y el US Doppler se utiliza como complemento en el diagnóstico, permite demostrar el aumento de los vasos sanguíneos alrededor de la masa anexial, así como la presencia de flujos anormales por medio de ciertas características ultrasonográficas se puede sospechar de algunas entidades benignas.

Por ejemplo, en un endometrioma o en un quiste hemorrágico se evidencia una imagen con múltiples ecos internos, dilatación y acumulación de líquidos en la trompauterina; en el caso de un teratoma maduro al contener componentes que producen ecos bajos también se puede sospechar. Estas características son sumamente importantes, de estas depende enormemente la conducta que se ha de seguir en un paciente determinada.

Una lesión maligna no puede ser diferenciada en un 100% de una benigna sin la evaluación al microscopio del tejido. Es por esto que la primera línea de diagnóstico, que es la ecografía debe ser capaz de precisar el riesgo de malignidad para canalizar a la paciente a un tratamiento expectante o considerar la lesión como algo potencialmente maligna y actuar en consecuencia Características como los bordes de la lesión, su contenido, las características doppler, su evolución en el tiempo, tu tamaño y la presencia de ascitis o liquido abdominal libre son las evaluadas.

En líneas generales se tiene por quiste benigno a aquel que sea pequeño y no crezca mucho con el tiempo, de contenido líquido, bordes regulares y finos, sin vascularización y sin liquido libre en la cavidad abdominal.

Por el contrario los que son malignos tienden a se mayores de 10cm o a crecer rápidamente, su contenido puede solido o mixto, sus bordes son irregulares y su pared gruesa, está muy vascularizado y puede haber abundante liquido en el abdomen.

Otros métodos como la resonancia no ofrecen ventajas sobre la ecografía, aunque puede indicarse en casos en los que la complexión de la mujer y su anatomía dificulten la captación de imágenes ecográficas.

La ecografía es el método de elección para el diagnóstico por imagen, dado su poder de resolución, su bajo costo, accesibilidad y carencia de efectos adversos, su una desventaja es ser operador dependiente, por lo que un quiste pequeño o de ubicación de difícil acceso ecográfico podría pasar desapercibido sin el ojo entrenado de un especialista.

Luego que se obtiene la imagen de la masa anexial y dependiendo de la historia clínica de la paciente se harán una serie de estudios para determinar la naturaleza del quiste.

Existen varias hormonas que se deben evaluar, claro esta variara dependiendo de las características y el contexto clínico de la paciente, entre las hormonas evaluables tenemos.

Gonadotropina coriónica humana: A través de estudios de laboratorio, la determinación de gonadotropina coriónica humana (HCG), especialmente la detección cuantitativa de la subunidad beta de esta hormona (β-hCG) en el contexto de un quiste puede indicar la presencia de un embarazo ectópico ovárico o un quiste del cuerpo lúteo de la gestación; incluso en algunos casos, la β-hCG actúa como marcador tumoral ante la presencia de una neoplasia ovárica.


Hormonas sexuales: Estas se requieren en la evaluación particular cuando se sospecha síndrome de ovarios poliquisticos.

Hormonas como las Folículo estimulante y luteinizante, así como progesterona y estrógenos, todas en la fase folicular temprana, así como andrógenos libres, esto orientará el diagnostico del síndrome y el tratamiento.

Otras determinaciones de laboratorio útiles, son los marcadores tumorales.

Estos son proteínas producidas por células del tumor o por el propio organismo en respuesta a las células tumorales, algunos permiten identificar cánceres de ovario, por ejemplo, el oncoantígeno 125 (CA125) se emplea como marcador tumoral porque sus niveles en sangre aumentan en mujeres con cáncer ovárico de origen epitelial.

Sin embargo, puede elevarse tanto en condiciones no ginecológicas (gastroenteritis, pancreatitis, hepatitis) como otras condiciones ginecológicas (endometriosis, miomatosis, EPI, embarazo) y también existe un 1% de probabilidad de elevación en pacientes sanas.

La alfa fetoproteína sérica es otro marcador tumoral (AFP). Sus niveles pueden aumentar en ocasiones en mujeres con tumores originados a partir de las células germinales (sexuales) del ovario.

Finalmente en mujeres con neoplasias malignas de ovario, los niveles de lactato deshidrogenasa (LDH) también pueden estar elevados. Este indicador es inespecífico, pues se halla elevado en muchos tipos de cáncer, como el cáncer de colon, los linfomas, entre otros.

La cirugía laparoscopia es otro método para el diagnóstico y tratamiento de los quistes ováricos.

Mediante la introducción de un instrumento de fibra óptica con una cámara llamado laparoscopio, a través de una pequeña incisión en la pared abdominal, se pueden visualizar internamente todos los órganos para extirpar quistes, sirviendo además de tratamiento.

Tras el diagnostico de quistes ováricos es lo mas probable es que se siga una conducta expectante, esto puede causar ansiedad en quien los padece, ya que no sabe que pueda surgir en los siguientes controles, sin embargo la mayoría de los casos resultara benigno.


Si el resultado final implica una cirugía, muchas mujeres se sienten ansiosas con respecto a las consecuencias que esto pueda tener en su vida.

Si te encuentras en una edad fértil es muy poco probable que se extirpen ambos ovarios por lo que no tendrás mayores consecuencias. Ahora bien, cuando el diagnostico termina siendo cáncer es cuando surgen algunas dudas.

Principalmente las referentes a como lidiar con la enfermedad y el tratamiento que sigue, la posibilidad de que reaparezca en el otro ovario es otra duda frecuente.

Así mismo la conservación de los ovarios frente a su extirpación debe considerar los factores de riesgo individual y los beneficios de cada circunstancia.

A pesar de que el ovario contralateral este normal se practica la tendencia a realizar una ooforectomía preventiva, basados en la estrategia de disminución del riesgo de cáncer de ovario y cáncer de mama, a pesar de que hay estudios que demuestran que este beneficio es mínimo.

En contraposición, se han planteado una serie de argumentos por las cuales conservar un ovario resulta beneficioso, no solo evita la menopausia quirúrgica inducida y su correspondiente impacto sobre la calidad de vida de la mujer.

Sino también, algunas investigaciones demuestran que el riesgo subyacente de mortalidad se incrementa por una castración quirúrgica temprana, pues la pérdida de hormonas femeninas favorece enfermedades como la osteoporosis, la demencia, la enfermedad de Parkinson y los padecimientos cardiovasculares.

En este sentido, la preservación de los ovarios hasta los 65 años se prefiere cuando es posible, ya que se relaciona con tasas de supervivencia más altas.

No obstante, hay situaciones en las que hay indicación para realizar la ooforectomía bilateral, tal es el caso de los procesos benignos cuando la mujer presenta una mutaciones en los genes BRCA1 y 2, responsables del cáncer de mama hereditario, también en la endometriosis grave y cuando es decisión de la paciente.